El gobierno parece haber echado las cartas sobre la mesa para tratar de sacar a Hugo Moyano de la secretaría general de la CGT.
Aunque no será una tarea sencilla y por eso ya piensa en algunas alternativas por si falla su plan.
Moyano parece haber traspasado una frontera en el enfrentamiento con Cristina Kirchner. Fue cuando dijo que la presidenta se victimiza permanentemente y que parece ver solo su dolor y no el de los demás.
Y fue más allá cuando acusó a su gobierno de crear un Estado Soviet en referencia, por ejemplo, al castigo a quien piense diferente y encima lo haga público. O que le da la espalda al movimiento obrero organizado.
Ya parece un recuerdo muy lejano en el tiempo la época en que Néstor y Cristina Kirchner daban un trato preferencial a Moyano y su gremio se beneficiaba con aire fresco para sus finanzas.
Moyano, a su vez, le garantizaba disciplina de los gremios y apoyo al proyecto político del matrimonio.
Hoy por hoy la alianza más fuerte de la presidenta parece ser con los jóvenes de La Cámpora y no con los gremios, sobre cuyos dirigentes desempolvaron el calificativo setentista de ‘burocracia sindical’.
Pero, ¿cómo hacer para sacar a Moyano de su sillón en la CGT?
No parece ser una tarea sencilla, a pesar de que la presidenta tiene su candidato: el jefe de los metalúrgicos, Antonio Caló.
Se trata de una relación que los Kirchner siempre cultivaron con este sindicalista, quizás previendo los tiempos de crisis que ya llegaron.
Pero el heredero de Lorenzo Miguel no la tiene fácil. Por un lado, el frente interno en la propia UOM, donde los secretarios generales de las seccionales tienen un peso propio como en muy pocos gremios.
Y, por el otro, el costo de aparecer como el candidato de Cristina Kirchner, lo que lo obligaría a un alineamiento con la Casa Rosada que hoy genera resistencias entre los metalúrgicos.
A Caló están dispuesto a apoyarlos los Gordos de la CGT (Cavalieri, Lescano, West Ocampo, Daer y otros), siempre enfrentados con Moyano y también los Independientes (Martínez, Rodríguez y Lingeri), si esto asegura la paz con el kirchnerismo y una mejor respuesta a sus reclamos.
En cambio, las filas moyanistas podrían cerrar un acuerdo y reconciliarse con el gastronómico Luis Barrionuevo y sus gremios afines y con los duhaldistas, representados por el Momo Venegas de los trabajadores rurales.
Como se ve, las divisiones en el sindicalismo siguen a la orden del día y, precisamente, en esas divisiones parece estar la fuerza de Moyano que apuesta a seguir conduciendo la CGT.
Aunque a esta altura no se sabe si el camionero lo hace por apetencias de poder, por evitar que los camioneros caigan en desgracia y truene el escarmiento, como decía Perón, o simplemente para complicarle la vida a Cristina Kirchner.
Además, es curioso ver como sindicalistas, que hacían honor al verticalismo a la Presidenta, hoy se quejan amargamente del destrato K, no solo a nivel político sino en los múltiples medios oficialistas, públicos o privados, que sobreviven por la publicidad que cae como cataratas de lo más alto del poder.
A los moyanistas les duele que CFK los ignore desde hace meses y nos los llame a la Casa Rosada.
El camionero llegó a quejarse porque la presidenta recibió a Roger Waters y no a sus muchachos.
Para colmo, le fueron con el chimento a Moyano de que Máximo Kirchner le estaría haciendo una ‘cama’ con su agrupación La Cámpora para sacarlo de la CGT.
La relación entre ambos siempre fue difícil pero se complicó aún más con la muerte de Kirchner, porque Máximo está convencido de que el último disgusto a su padre se lo dio este sindicalista.
Pero, ¿si no pueden sacar a Moyano, cuál sería una solución para la Presidenta?
Algunos aliados del sindicalismo le propusieron a sus interlocutores del gobierno la posibilidad de establecer un ‘Triunvirato’ al frente de la CGT.
Esto ya fue aplicado en otras épocas cuando no se podían sortear las profundas divisiones internas.
Entre 2004 y 2005, mientras gobernaba Kirchner, Moyano estuvo en un triunvirato con José Luis Lingeri y Susana Rueda, que fue un fracaso.
La única mujer renuncio a la CGT y con ella los gremios que luego conformaron los ‘Gordos’.
Pero como la única verdad parece ser la realidad en el mundo de los gremios, lo cierto es que se siguen acumulando reclamos al gobierno por temas que afectan cada vez más el bolsillo de los trabajadores, como la modificación del impuesto a las ganancias y el aumento en las asignaciones familiares.
Y en esto no hay división entre los sindicalistas, porque hasta los más kirchneristas se quejan del efecto negativo que esto tiene en los sueldos y las economías familiares.
Por ahora, la única respuesta que vienen teniendo desde hace meses es el silencio de la Presidenta.