
El 7 de enero de 1977, el LV-LZD partió rumbo a Frankfurt, marcando el ingreso definitivo de la línea de bandera al fuselaje ancho.
Era la tarde de un viernes de verano y el calendario marcaba el 7 de enero de 1977. En la plataforma del Aeropuerto Internacional de Ezeiza, la silueta inconfundible de una aeronave dominaba el paisaje, volviendo pequeños a los Boeing 707 que hasta entonces habían sido los reyes de la flota. Hace exactamente 49 años, Aerolíneas Argentinas concretaba su ingreso definitivo a la era del fuselaje ancho (WideBody) con el primer vuelo comercial de su nuevo Boeing 747-287B, matriculado LV-LZD.
Aquel vuelo inaugural, identificado bajo el código AR-170, tenía como destino final la ciudad de Frankfurt, trazando una ruta que incluía escalas en Río de Janeiro, Madrid y Roma.
Al mando de la aeronave, de acuerdo con crónicas de la época, se encontraba el comandante Carlos Gho, quien tenía la responsabilidad máxima de llevar a los 282 pasajeros en clase turista y 14 en primera clase que protagonizaron el despegue. La capacidad total de 350 plazas se completaría apenas unas horas después, en la escala brasileña.
La demora política y el «regalo» de fin de año
Sin embargo, el camino hacia la pista 11 de Ezeiza había estado plagado de turbulencias burocráticas a tono con los tiempos que vivía Argentina. El avión, número de serie 21189, había realizado su primer vuelo técnico en noviembre de 1975, pero permaneció estacionado durante un año entero en las instalaciones de Boeing en Seattle, portando la matrícula provisional norteamericana N1971B.
La razón de esta larga espera no fue técnica, sino financiera, dado que faltaban los avales del Gobierno argentino para asegurar el pago.
Yendo hacia atrás, en febrero de 1975 se suscribió un contrato con Boeing para alquilar un Boeing 747-100 que entraría en servicio a mediados de ese año, y la compra de un Boeing 747-200 que llegaría antes de que termine el año.
La situación se destrabó recién con la firma del decreto 1434 en julio de 1976, que autorizó las gestiones ante el Export-Import Bank de los Estados Unidos y el Banco de la Nación Argentina, permitiendo finalmente la entrega de la aeronave.
Así, el LV-LZD tocó suelo argentino por primera vez el 31 de diciembre de 1976, convirtiéndose en un anhelado regalo de fin de año. Su llegada ofreció una postal técnica para los presentes: el avión aterrizó trayendo bajo su ala izquierda una turbina Pratt & Whitney JT9D-7FW de repuesto (en la posición técnica conocida como 5th pod).
A bordo de ese vuelo de traslado venían los comandantes instructores Carlos Gho, Carlos Príncipe, Reynaldo D’Aintree y Carlos Bustamante, secundados por los técnicos mecánicos Hugo Cigliutti, Carlos Camacho y Andrés Muller.
«El Lugar»: una revolución tecnológica y de marketing
La incorporación del 747 no fue un hecho aislado, sino la punta de lanza de una agresiva campaña de modernización corporativa bajo el eslogan «El Lugar». Aerolíneas Argentinas no solo compraba un avión; compraba el futuro.
Los avisos de la época prometían una renovación total: desde la inauguración del edificio de ventas en la calle Perú 2 hasta la implementación del Sistema IPARS, una «computadora cerebro» capaz de realizar reservas automáticas en segundos, algo revolucionario para la época.
Para exhibir este poderío, días antes del vuelo a Europa —el 4 de enero—, la empresa realizó un vuelo de presentación doméstico a San Carlos de Bariloche. A bordo viajaron autoridades, periodistas y el interventor de la empresa, brigadier Amílcar San Juan, con el único objetivo de mostrar el confort de la nueva cabina y preparar al público para el salto de calidad.
Infraestructura para gigantes
La llegada del LV-LZD obligó también a repensar la infraestructura terrestre de Argentina, con la mirada puesta de reojo en el Mundial de Fútbol de 1978. El «Jumbo» requería otro tipo de logística.
Tal como detallaba la prensa en septiembre de 1977, se aceleraron las obras en el espigón internacional de Ezeiza para instalar pasarelas telescópicas (mangas) que permitieran el embarque directo desde un segundo nivel, ya que la altura y capacidad del 747 hacían obsoleto el sistema de caminata por pista.
Se proyectaron espacios para estacionar hasta cinco de estos colosos simultáneamente, anticipando un tráfico aéreo que crecería exponencialmente.
Una segunda vida de fama mundial
La historia de este avión tuvo un giro inesperado. Fue el primer Jumbo de Aerolíneas Argentinas pero su legado continuó lejos de casa. Tras dejar la flota argentina prematuramente en enero de 1982, la aeronave fue adquirida en mayo de 1984 por una flamante aerolínea británica que haría historia a su manera.
Bajo la matrícula G-VIRG y bautizado «Maiden Voyager», este mismo avión que hoy recordamos se convirtió en el primero que tuvo Virgin Atlantic Airways, inaugurando las rutas de la compañía inglesa hacia Nueva York y el Caribe.
Allí operó hasta el año 2001, y otra curiosidad es que su fecha de salida de servicio fue apenas dos días antes de uno de los hechos que marcaron la historia mundial (con repercusiones directas sobre la industria aerocomercial), el 9 de septiembre.
Finalmente, en octubre de ese año pasó a manos de Kabo Air en Nigeria hasta que fue retirado definitivamente en 2008 y estacionado en el desierto de Victorville.



