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El 1 de enero de 1914, Tony Jannus despegó desde St. Petersburg hacia Tampa, inaugurando la primera ruta aérea con horarios fijos y boletos a la venta.
Si hoy nos paramos en cualquier aeropuerto internacional y observamos el incesante flujo de aeronaves conectando continentes, resulta difícil imaginar que toda esta colosal maquinaria global tuvo un inicio humilde, ruidoso y mojado hace exactamente 112 años.
Hoy, 1 de enero, se conmemora el momento exacto en que la aviación dejó de ser un deporte de temerarios para convertirse en una industria de transporte: el primer vuelo de la St. Petersburg-Tampa Airboat Line.
La historia cambió en la Bahía de Tampa, Florida. Era la mañana del 1 de enero de 1914 y el mundo era un lugar muy diferente: la Primera Guerra Mundial aún no había estallado y moverse entre las ciudades de St. Petersburg y Tampa requería una paciencia enorme.
Aunque separadas por apenas 34 kilómetros de agua, el viaje en vapor demoraba dos horas, y en tren, debido a la geografía de la bahía, podía tomar hasta doce horas.
Fue entonces cuando Thomas Benoist, un visionario fabricante de aeronaves de St. Louis, vio una oportunidad comercial donde otros solo veían peligro. Su propuesta fue simple pero revolucionaria: usar un hidroavión para conectar ambas ciudades en línea recta.
El despegue de una industria
A las 10:00 a. m., ante una multitud de 3.000 espectadores curiosos y una banda italiana que tocaba marchas festivas, el piloto Tony Jannus aceleró el motor de su Benoist XIV.
Esta aeronave, un biplano hidroavión de cabina abierta, no tenía el confort de las cabinas modernas, pero ofrecía algo que el dinero no podía comprar hasta ese momento: velocidad.
El primer pasajero no fue elegido al azar, sino mediante una subasta que se convirtió en un evento mediático.
El exalcalde de St. Petersburg, Abram C. Pheil, ganó el asiento tras pagar 400 dólares de la época (una cifra astronómica equivalente a más de 12.000 dólares actuales). Pheil se acomodó en el pequeño asiento de madera junto a Jannus, y tras una breve carrera sobre el agua, el Benoist XIV se elevó.
El vuelo duró exactamente 23 minutos. Volando a una altura escasa sobre las olas de la bahía, Jannus y Pheil aterrizaron en el río Hillsborough de Tampa ante el asombro de los locales. El titular era evidente: lo que antes tomaba medio día, ahora se hacía en menos de media hora.
Más que una aventura, un negocio
Lo que diferencia al vuelo de Jannus de otros hitos anteriores, como los de los hermanos Wright, es la palabra «programado». La St. Petersburg-Tampa Airboat Line no fue un experimento aislado; fue la primera aerolínea con itinerario fijo.
La compañía firmó un contrato subsidiado por la ciudad, ofreciendo dos vuelos diarios, seis días a la semana. El precio regular del boleto se fijó en 5 dólares (unos 150 dólares de hoy). Además de pasajeros, la aeronave transportaba carga exprés, incluyendo ejemplares del diario local St. Petersburg Times, inaugurando también la logística aérea de prensa.
Durante los cuatro meses que duró el contrato (hasta el 5 de mayo de 1914), la línea operó con una regularidad sorprendente. Las aeronaves transportaron exactamente a 1.204 pasajeros y, lo más importante, lo hicieron sin registrar un solo accidente fatal, demostrando que el transporte aéreo podía ser seguro y confiable.
El legado, 112 años después
La línea aérea dejó de operar cuando el subsidio terminó y los turistas invernales abandonaron Florida esa primavera. Sin embargo, la semilla estaba plantada. Thomas Benoist declaró proféticamente en aquel entonces: «Algún día, la gente cruzará los océanos en aviones de línea como hoy lo hacen en barcos de vapor».
A 112 años de aquel salto sobre la bahía de Tampa, la industria ha superado incluso las predicciones más optimistas de Benoist. Aquel vuelo de 23 minutos sentó las bases operativas, comerciales y logísticas que hoy permiten que 5 mil millones de personas vuelen cada año. Recordar a Tony Jannus y su Benoist XIV es recordar que, detrás de la compleja tecnología actual, el propósito de la aviación comercial sigue siendo el mismo que en 1914: conectar personas y vencer al tiempo.
Imagen: aviacionline



