Ley de Glaciares

Un inmenso retroceso ambiental y social, sin réditos económicos ni laborales
La reciente aprobación de la Ley de Glaciares en el Senado volvió a colocar en el centro del debate las contradicciones entre una apuesta para fomentar el ingreso de divisas y el impacto ecológico que tendrá una medida que, además, ni siquiera promete generar muchos puestos de trabajo. La reforma de la ley que protegía más claramente las reservas estratégicas de agua dulce en la región andina fue cuestionada por organizaciones socioambientales y científicas que alertan sobre los riesgos que implica el avance de proyectos extractivos en zonas periglaciares. Del otro lado, cámaras empresarias y gobiernos provinciales insisten en que la minería es una vía rápida para atraer inversiones, fortalecer las exportaciones y generar empleo local.
El punto crítico es que los glaciares no son meros insumos paisajísticos, sino fábricas naturales de agua, reguladores climáticos y garantía de provisión hídrica para millones de personas. En un contexto de crisis climática global acelerada, su degradación no solo compromete más a unos ecosistemas frágilizados, sino también actividades productivas y generadoras de divisas, tales como la agricultura y el turismo. La ley, que busca facilitar la actividad minera en esas zonas sensibles, deja a criterio de los mandatarios provinciales los niveles de protección adecuados para cada región, algo que los especialistas cuestionan como un grave retroceso protectivo.
Pero además, las supuestas ventajas que generaría la ley no se reflejarán ni en un gran aumento de la recaudación nacional, en tanto las regalías mineras son mínimas o directamente inexistentes, ni en la generación de empleo, ya que el modelo extractivo de gran escala, que es intensivo en capital y tecnología, genera relativamente pocos puestos de trabajo directo en comparación con otras actividades industriales o con las economías regionales. La ecuación entonces sería la de inversiones con alto impacto ambiental, escaso retorno impositivo y bajo efecto multiplicador en el trabajo registrado.
Además, la experiencia en distintas provincias argentinas confirma que los ciclos mineros son volátiles, en tanto dependen del movimiento de los precios internacionales y de las decisiones de casas matrices extranjeras. Cuando el mercado global se enfría, o cuando se agotan las posibilidades de extracción, los proyectos se paralizan y las localidades sede de los proyectos quedan expuestas a pasivos ambientales y a crisis laborales sin solución, además del impacto devastador en términos sociales que suelen tener estos proyectos, con un comprobado aumento de la criminalidad, la violencia y distintos tipos de transformaciones regresivas sobre las comunidades locales.



