Adorni presentó en la Justicia su nuevo dibujo

Irina Hauser
El exvocero sigue sosteniendo que se hizo rico apostando a las cripto, pero no puede explicar cómo se gastó todo de golpe siendo funcionario. Las inconsistencias del escrito.
Manuel Adorni no puede dar explicaciones sólidas sobre su aumento patrimonial desde que llegó a la Casa Rosada. Al presentar la justificación de sus gastos millonarios ante el juez federal Ariel Lijo y el fiscal Gerardo Pollicita, apostó a reforzar la teoría ya esbozada de que se había hecho criptomillonario en silencio entre 2014 y 2017 mientras llevaba una vida austera. Resulta que empezó a gastar cuando lo nombraron vocero y luego jefe de Gabinete. Atribuyó el giro a razones de seguridad que lo obligaron a cambiar de vivienda y, ya que estaba, se compró dos (una de ellas en un country). También gastó en viajes de lujo y se dio varios gustos. Un modo complejo de contradecir a su escribana de operaciones inmobiliarias, Adriana Nechenevko, había dicho que «se le dio todo junto».
Adorni tenía que responder al requerimiento patrimonial que le había hecho Pollicita. El eje de su argumento es que invirtió 200.000 dólares en criptomonedas entre 2014 y 2017 que se multiplicaron hasta arañar los 600.000. A partir de ahí, empezó a cambiar bitcoins por cash.
Guardó los billetes en su casa y decidió, con su esposa, «vivir como si no los tuvieran». Lo atesoraron, dijo, «con miras a garantizar, a mediano plazo, la educación y el futuro de sus hijos». Un día de 2023 se convirtió en funcionario del gobierno de Javier Milei y parece que cambió de idea: compró un departamento en Caballito, la casa en el country Indio Cuá, les hizo refacciones de alta gama, le pagó a escribana, viajó al Caribe, voló en primera con su esposa e hizo pagos descontrolados con tarjeta de crédito (incluso ajenas).
El eje de la defensa del exvocero es que todo lo ganó antes de ser funcionario, lo tenía en negro y por «error» no lo incorporó a su declaración jurada al desembarcar en la Casa Rosada. Rectificarlo después, alega, era su derecho y no puede ser usado en su contra.
Al intimarlo para que explique sus gastos y los mecanismos que utilizó, el fiscal había marcado que Adorni debía justificar el origen de 402.578 dólares gastados en sus dos años y medio en el Gobierno y otros 43 millones de pesos. Según las cuentas de la fiscalía, sus ingresos sumados a los de su pareja, Bettina Angeletti, no alcanzaban ni siquiera para pagar sus gastos corrientes (impuestos, servicios, expensas, tarjeta de crédito, seguros, electrodomésticos y viajes). Pero se las arregló para abonar eso y más. Además de exhibir sus visionarios ahorros en Bitcoin, planteó que no es cierto que haya gastado 245.000 dólares en las refacciones de la casa en el country. Esa fue la cifra que había aportado el contratista Matías Tabar, a quien ahora el exjefe de gabinete cuestiona. Según el exfuncionario, el gasto fue menor, de 175.000 dólares.
La defensa de Adorni, a cargo de Matías Ledesma, sostuvo que los 43 millones de pesos que faltaban para cubrir la cuenta de gastos corrientes por 279.752.283,20 pesos, es «una brecha residual» que no representa «una desproporción manifiesta» que es «compatible con los márgenes de imprecisión propios de toda reconstrucción de flujos económicos de un grupo familiar a lo largo de dos años y medio». Alega, además, que Angeletti no hizo ninguna maniobra para «ocultar o disimular el incremento patrimonial».
La tardía teoría bitcoin
En una de sus conferencias de prensa, el 25 de marzo último, Adorni dijo: «Todo lo que tiene que estar declarado está declarado». Hacía esa defensa pública después de que saliera a la luz el viaje a Punta del Este (para carnaval) en avión privado con su familia y la aparición de su esposa en un viaje oficial a Nueva York, del que volvió en primera clase. El 29 de abril se presentó en la Cámara de Diputados (con Javier Milei y Karina presentes como hinchada en un palco) y dijo que «nunca existió ocultación alguna».
La referencia al supuesto ahorro cripto apareció recién el 10 de junio, en una entrevista en LN . Acababa de presentar su demorada declaración jurada. Dijo que había empezado a invertir en Bitcoin hacía doce años y que ahí estaba toda la explicación. Con anterioridad solo decía que la plata que había juntado venía de la actividad privada. Frente a una lluvia de datos en los medios, presentó todas las rectificaciones de las declaraciones juradas juntas, con el ahorro en cripto y la liquidación con la que obtuvo, sostiene, efectivo. La defensa dice que no hay irregularidad alguna, ya que rectificó las declaraciones juradas antes de que llegara el requerimiento de justificación formal de la fiscalía de Pollicita.
Olvido de 500 mil USD
Adorni señala que, si hubiera querido ocultar algo, no hubiera contado todo en aquella entrevista ni mostrado en redes sus billeteras virtuales. Plantea como algo lógico haberse olvidado de declarar medio millón de dólares que tenía en negro en su casa. También argumenta que empezó a comprar bitcoin en 2014, un relato por demás inverosímil que fue desarticulado a poco de andar por distintos especialistas en la materia.
Todo cambia
Adorni dice que cambió la vieja ida de ahorrar para sus hijos cuando llegó a a la función pública. Fue por «seguridad». En su departamento de la calle Asamblea detallaba que no tenía cochera y como vivía en un primer piso los vecinos le tiraban cosas al patio. Entonces compró el departamento de la calle Miró 550, en Caballito. La compra en Indio Cuá, justifica, obedeció a un altercado «que protagonizó en la vía pública» y que lo llevo a pensar en la conveniencia de «preservar a sus hijos menores de edad» para lo que le parecía bueno «contar con una casa de fin de semana en el barrio Indio Cuá que les permitiese disfrutar, junto a los niños del aire libre».
No profundiza en los viajes a Aruba, Llao-Llao, al all inclusive de Gualeguaychú, entre otros gastos considerables. Solo dice que todo fue pagado con aquellos ahorros y los ingresos habituales de la pareja. Adorni, ganaba 3 millones de pesos, cifra que a comienzos de este año escaló a 7 millones. Angeletti, no demasiado más.
La defensa de Adorni dice que su evolución patrimonial «encuentra explicación razonable en operaciones lícitas, verificables y consistentes con su actividad, la de su cónyuge y las restantes fuentes lícitas de ingresos del grupo familiar». Niega enriquecimiento ilícito, por ser los ingresos cripto previos a su vida de funcionario, y asegura que no hay omisión, porque presentó rectificaciones a tiempo. A lo sumo, «alguna cuestión de índole o naturaleza tributaria».
Para todo tenía una excusa: se compró el country por «amenazas» y usaba tarjetas de terceros «por presiones».
Adorni refuta haber pagado 245.000 dólares por la remodelación en Indio Cuá, como dijo el contratista Matías Tabar. «Tabar llevaba la cuenta de manera informal» y comunicaba «verbalmente lo adeudado en cada etapa», dice la presentación. Por ejemplo, señala que hubo un primer pago de 35.000 dólares en efectivo, el 16 de noviembre de 2024, sin recibo alguno. Según el exvocero todo el gasto fue de 174.954,58 dólares, según un perito arquitecto de parte. Dice que hay ítems sin comprobante («pestillos de seguridad, apoyacabezas de jacuzzi, piedras decorativas, tapa de cesto, entre otros»), otros sin fecha de registro o con fechas contradictorias, materiales de corralón ingresados a tres domicilios distintos. No hay planos ni estudio de suelos. Responsabiliza a Tabar.
Las compras con las tarjetas de crédito de su secretaria, una empleada y un amigo, según Adorni responden a que no tenía tiempo de ocuparse él «por las presiones a las que estaba sometido y la gran carga horaria». Por ejemplo, «se apoyaba en la asistencia que le brindaba su secretaria (Gisela Kocsis), como parte de la dinámica diaria que puede darse en cualquier oficina». Kocsis pagó 8 millones de pesos en blanquería, que dijo que le devolvieron en efectivo. «Resulta evidente que nunca hubo animosidad de utilizar a terceros», dice la presentación. Hay pagos de Laura Schiuma, agrega, era empleada y también amiga. El monitor gamer y los proyectores los pagó otro amigo, Luis Enrique Aluju.



