Aerolíneas Argentinas AR1243, San Pablo – Buenos Aires: servicio perfecto

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Después de cuatro días de actividad intensa cubriendo el Embraer Media Day 2022, la verdad es que uno espera ansioso que el regreso sea lo más tranquilo posible. Ese es el gran problema, para mí, de los vuelos de regreso: la predisposición a pasarla mal suele ser grande.

Terminado el almuerzo que cerraba el evento en San José dos Campos, subimos al micro que recorrió los 90 kilómetros que separan el predio de Embraer del aeropuerto de Guarulhos. La buena sorpresa: el siempre temido tráfico de San Pablo no pareció afectarnos demasiado.

Llegamos a la Terminal 2 con tiempo de sobra: el vuelo AR 1243 salía a las 20:00 y nos bajamos del micro un poco antes de las 15:00. Había una buena cantidad de tiempo para matar.

La Terminal 2 de San Pablo se debate en la disyuntiva entre pedir a gritos una renovación profunda o tolerar una estructura que, pese a su antigüedad, funciona. Las áreas de servicio, instalaciones y distribución se muestran ágiles, pero no podemos obviar el hecho que no era una hora pico de operaciones. Seguramente un fin de semana largo o la temporada alta expondrán las repetidas interrupciones en el flujo de pasajeros que la terminal presenta.

El paso por el check-in, seguridad y migraciones fue ágil; menos de 10 minutos después de entrar a la zona de embarque ya estaba en la puerta 240. En la 242 estaba ya por cerrar el vuelo de Flybondi y el personal de la compañía hacia a los gritos la última llamada.

Desconozco si el sistema de PA no funcionaba o si recorrer un pasillo con un alarido de estribillo de un tema de Pantera es efectivamente el último y desesperado recurso para despertar a los dormidos.

19:05 comenzó el embarque de nuestro vuelo. Llamativamente, los pasajeros mantuvieron un orden poco común y todo el proceso se completó veloz y prolijamente. El avión, un Boeing 737-800 de matrícula LV-FWS, comenzó el pushback 19:57.

El clima de San Pablo no acompañó estos últimos dos días, con lluvias persistentes y de distinta intensidad. Sin embargo, al momento del despegue tuvimos una visión clara de la ciudad y sus luces. Dejamos Guarulhos con un ascenso tranquilo y hasta elegante.

Poco después de alcanzar la altura de crucero, la tripulación comenzó a ofrecer el servicio de a bordo. Un sándwich de miga fresco y bien cargado, un alfajor Tofi de chocolate para comer. Para acompañar el sándwich, pedí un café y un vaso de gaseosa.

La tripulación se mostró amable y diligente; un momento antes de comenzar el servicio reubicó incluso a una mamá y su bebé, que estaba molesto (además de la presión barométrica, la fila 16 de un 738 suele ser muy ruidosa y más para el oído de un infante) y aprovechando la existencia de algún asiento vacío más adelante pudo aliviar un poco el malestar de la criatura. Bravo por esa atención al detalle.

El avión no tiene equipos de entretenimiento a bordo, lo que no es problema para un vuelo de poco menos de tres horas, aunque le vendría bien un par de tomas de energía, sean enchufes o puertos USB. Nuevamente, no es grave. Tal vez sea yo quien debe cambiar el celular por uno cuya batería resista un poco más que la actual.

El vuelo AEP-GRU del domingo pasado fue bastante más movido que esta vuelta: por suerte el regreso fue tranquilo y pude aprovechar para dormir un poco.

Empezamos el descenso y aproximación a Aeroparque a las 22:26, y con una suavidad destacable aterrizamos por pista 13 exactamente a las 22:50. Desembarcamos en posición remota pero muy cerca del área de arribos y nos recibió una Buenos Aires fría en el inicio del invierno meteorológico -es feo decir que eso del 21 es una mentira, pero bueno-.

Nos esperaba un proceso migratorio y de seguridad que fue fluido para mí, pero con un par de salvedades: eran muchos los extranjeros que conectaban con otros vuelos y, por lo tanto, la fila de argentinos no tenía demasiada gente. Por otro lado, era el único vuelo en ese horario.

El área internacional de Aeroparque necesita como el agua expandirse porque si no consideramos las particularidades de este arribo, cuando se juntan un par de aviones ahora, y mucho más cuando las operaciones retomen su volumen natural el colapso no solo será común, sino inevitable.

Y si tenemos en cuenta que los planes futuros de la terminal incluyen operar aeronaves de categoría F, la sola imagen mental de un 737 y un A330 procesando pasajeros en simultáneo es complicada de digerir.

Volviendo al vuelo, el servicio de Aerolíneas Argentinas fue perfecto desde el check-in hasta bajar del avión; operó a horario, la tripulación y todo el personal fueron amables y eficientes y la calidad de los elementos del servicio de a bordo está dentro de lo esperable.

La experiencia en sí fue un enorme aprobado porque no hubo un solo elemento fuera de lugar. Cuando el viaje de regreso no presenta inconvenientes, el descanso arranca un poco antes. Y eso es lo que pasó con el vuelo AR1243: ninguna sorpresa. Y eso es buenísimo.

Fuente: aviacionline.com

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