Desde el “ring side”: ¿Por qué fracasó el proyecto Guaraní?

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Es cierto que había un grupo con más sapiencia en temas aeronáuticos, que se oponía a otro que contaba con la ventaja de tener algún respaldo, mucho amor propio y habilidad para conseguir los medios necesarios para la concreción de un proyecto.

No puedo imaginar lo difícil, injusto y doloroso que debe haber sido sortear estas situaciones: La impotencia y desazón que debe haber generado en los actores de este relato, independientemente de la facción que ellos ocuparan.

Hubiese sido maravilloso que los dirigentes de alto nivel les hubiesen ahorrado el sufrimiento a esos extraordinarios técnicos dándoles un plan estratégico que los contuviera.

Un plan rector de largo plazo para que los logros fueran el resultado de esfuerzos constantes y consecuentes hacia un objetivo y no la consecuencia de iniciativas personales y sacrificios propios.

Entiendo que lo acontecido es más cercano a nuestra idiosincrasia, donde sin recursos y contra todos los obstáculos se ganan batallas: Lo heroico por sobre la organización.

Salvando las grandes distancias, baste repasar la historia argentina para ver que los héroes que admiramos y que hoy son nuestros próceres consiguieron resultados aún con administraciones centrales que les retaceaban o negaban los recursos y el apoyo.

Pero debo reconocer que todos se rinden ante la abnegación, el esfuerzo y la lucha.

En el ring donde peleaban estos técnicos el combate era emocionante: Había intercambios de golpes, paridad, contragolpes, cambio de liderazgos y hasta sangre.

Y algunas veces esa alteración del ánimo con que se participa en estos espectáculos es agradable, salvo para los que sabemos que la sangre derramada es de las personas del círculo íntimo.

Un soldado cura sus heridas y supera el sufrimiento de la batalla en familia… ¡habría que ser demasiado joven o necio para creer algo diferente!

Méritos indiscutibles

Y se siguieron ganando batallas, por citar algunas:

  • Primer avión argentino y latinoamericano en cruzar el Atlántico.
  • Primer avión argentino y latinoamericano en volar sobre Antártida.
  • Primer avión argentino y latinoamericano en ser certificado internacionalmente en Francia.
  • Primer avión argentino y latinoamericano en ser incorporado a una línea aérea regular.
  • Primer avión argentino en ser exhibido en la feria aeronáutica de Le Bourget.
  • Se construyeron dos series totalizando 35 aviones, teniendo como cliente a distintos organismos estatales argentinos.
  • Brindó servicio por más de 40 años.

Pero no por ello cesaron las afirmaciones que menoscababan sus méritos (estas son las pocas que he retenido en mi memoria):

  • “El Guaraní no es presurizado, solo puede volar bajo”.
  • “El larguero del ala es muy alto y obstaculiza el paso de pilotos a la cabina”.
  • “El avión es ruidoso e incómodo”.
  • “Le sobra potencia, los motores están sobredimensionados”.
  • “Hubiese sido mejor y más barato comprar afuera”.

Miopía estratégica

Y la falta de visión estratégica y política no pudo dirimir el conflicto, ya que algunos de los desvaríos a los que estamos acostumbrados terminaron “ganando la pulseada”:

  • Se propuso desarrollar un nuevo avión Guaraní presurizado para 19 personas, pero se lo frenó aduciendo que “La Fábrica” estaba para fabricar aviones de guerra solamente.
  • Se propuso una “familia” de aviones con diferentes aplicaciones, desde avión sanitario hasta de control de litoral marítimo argentino.
  • También se descartó esta posibilidad y hoy el litoral marítimo argentino tiene poca supervisión ya que controlarlo con los P-3 Orion es muy caro y no están operativos.
  • Como si eso fuese poco, las provincias argentinas compran al extranjero aviones a reacción como sanitarios que luego se utilizan para otros fines.
  • Buscar acuerdos de cooperación industrial para promover el producto y ampliar la cantidad de clientes nunca fue seriamente encarado.
  • Siempre se estimó que los clientes vendrían a buscarnos por haber desarrollado productos excelsos.

Las notas de color de esta historia es que se siguieron ganando batallas en otros terrenos: El mismo equipo de diseño pudo conseguir el Pucará, todo un ícono para nuestra Fuerza Aérea Argentina y el primer avión argentino en participar en combate.

Otra anécdota interesante es como fue el festejo familiar de la certificación del Guaraní en Francia: Mi madre a cargo de dos niños pariendo en soledad y yo naciendo con un padre en otro continente.

Mi madre decidió ponerme el mismo nombre que mi padre porque no tenía con quien consultarlo y también como un tributo a mi progenitor.

Esto no es dramático, tal vez ni siquiera digno de mención, pero determinante en la historia familiar.

Siguiendo a un líder de la historia reciente, también tenemos notas de “no color”: Es que así que, como este equipo de técnicos siguió progresando y al éxito del IA-50 Guaraní II le sumó el del IA-58 Pucará, nuestros líderes también siguieron progresando y malograron las posibilidades comerciales e industriales del último producto mencionado.

Hoy estamos muy lejos de ganar la guerra, el mundo cambió para hacer más difícil recuperarnos de los errores cometidos.

Creo que el poema de R. Kipling resume lo que un padre le diría a un hijo para que siga luchando, para que decida nunca declarase vencido:

“Si puedes soportar oír la verdad que has dicho,
tergiversada por villanos para engañar a los necios.
O ver cómo se destruye todo aquello por lo que has dado la vida,
y arremangarte para reconstruirlo con herramientas desgastadas.”

Habrá que ver si como hijos de esta Nación Argentina somos capaces de arremangarnos para reconstruir lo que fuera dilapidado…

Fuente: Eduardo Ruiz – gacetaeronautica.com

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