Ni Javier Milei ni el peronismo: la indiferencia al poder

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letrap.com.ar/

Por Marcelo Falak

NO SABE/NO CONTESTA/NO LE INTERESA

Crece el «ningunismo» en la carrera hacia las presidenciales de 2027. ¿Polarización amenazada? ¿La hora de otro outsider? Apatía social y democracia blanda.

La confluencia de un encogimiento de Javier Milei y de su experimento ultra en las encuestas; la crisis eterna del peronismo; el vacío que deja una política que no sabe y no contesta y un descreimiento que se extiende en la sociedad como una mancha de aceite genera preguntas cruciales de cara a las elecciones del año que viene.

¿Qué expresa esa apatía? ¿El fin de la polarización que ha paralizado a la Argentina? ¿El anuncio de una nueva apelación a la figura del outsider, entendida como una persona ajena a la actividad política tradicional y que pretende hacer virtud de la carencia de habilidades para habitar ese mundo? ¿La oportunidad, tantas veces anunciada como frustrada, para el salto al poder de la «avenida del medio»?

A 14 meses de las elecciones, la Casa Rosada se presenta como un espacio abierto para la conquista.

Ante ese escenario, ¿qué futuro le aguarda a una democracia que cruje al ritmo de una crisis económica que ya es endemia?

Los secretos del «ningunismo»

Mucho se habló en los últimos días sobre una encuesta de Pulsar.UBA que arroja, como resultado más saliente, el auge de lo que sus autores bautizaron como «ningunismo». Es interesante repasar sus hallazgos, pero más aun utilizarlos como disparadores de preguntas sobre el presente y el futuro inminente, hechos de agónica puja electoral, proliferación de outsiders y búsqueda, otra vez, de una «vía del medio» hacia el poder.

El trabajo sobre Creencias Sociales 2026 arroja, entre muchos otras, las siguientes revelaciones:

  • «El ningunismo se consolida como un fenómeno político transversal. El 42% no se identifica con ningún partido o espacio, el valor más alto desde 2023. Esta postura atraviesa edades, géneros y niveles educativos diversos», dice Pulsar.UBA.
  • El 63% declara estar poco o nada interesado por la política, 18 puntos más que en 2025.
  • El centro emerge como un refugio, como un «no lugar».

Consultado por Letra P, el coordinador general del observatorio, Facundo Cruz, señaló que «el centro politico en la Argentina actual no implica necesariamente una definición programática. Es, más bien, un centro posicional en el que ciertas personas encuentran refugio frente a lo que perciben a la izquierda y a la derecha. Se ubican en ese centro por equidistancia de los polos, como un refugio transitorio».

El especialista define así lo que este portal caracterizó más de una vez como un centrismo de tipo «geográfico», dado simplemente por el rechazo a opciones ideológicamente encuadradas que resultan insatisfactorias. No hay allí necesariamente una búsqueda de moderación, sino simplemente de resultados.

El trabajo constata la profundización de una tendencia existente, no el surgimiento de una novedosa. Esto es importante porque habilita preguntas –y respuestas tentativas– a algunas de las marcas del presente político, como la emergencia de outsiders que se suman a la oferta y a alquimias que vuelven a explorar la «vía del medio» por instrucción de sectores del Círculo Rojo relativamente disconformes con el modelo de la extrema derecha.

¿Adiós a la grieta?

Así, como dice Pulsar.UBA, dado que el ningunismo está en «ascenso», pero ya existía, ¿hay que esperar que la grieta deje de funcionar, que la polarización se termine y que el futuro político anide en un lugar que hoy está fuera de todo cálculo?

«Esa es la gran pregunta –señaló Cruz–. De acuerdo con la encuesta, algo más de un tercio de la ciudadanía se para en el espacio de centro, pero a la hora de votar, esas personas podrían ir hacia los polos, sobre todo ante la percepción de que la oferta de centro no sea competitiva. Es lo que pasó, por ejemplo, con Roberto Lavagna en 2019».

«Hay que pensar, en ese sentido, en los componentes estratégicos del voto, que pueden llevar a muchos electores a buscar una segunda o tercera opción para evitar el triunfo del sector que perciben como más lejano a sus preferencias. Ahí pueden tallar el antimileísmo y el antiperonismo», añadió.

De hecho, la narrativa de la ya lanzada campaña paleolibertaria apuesta a eso: todo en ella es el «riesgo K», los «kukas», el «populismo», siempre en clave macartista e insultante. Y, enfrente, justamente la aversión al oficialismo emerge como el aglutinante de alas de un peronismo tan amargamente enfrentadas que, en otro contexto, probablemente preferirían el cisma.

Outsiders al rescate…

El panorama muestra tres rasgos centrales: «El centro como refugio, el creciente desinterés por la política y la pérdida de atractivo de las estructuras que históricamente canalizaban la participación y la representación. Ante eso, es esperable que esas tres vías de escape llamen a un outsider«, explicó Cruz.

¿Dónde se podría parar ese outsider? «Por ahora, en el centro que nuclea a un tercio de la ciudadanía porque ya hay un referente en la derecha [N. del R.: Milei] y porque la izquierda está ocupada por el peronismo. Sin embargo, hay que esperar: todavía falta mucho para las elecciones y la única oferta definida hasta el momento es la del oficialismo», cerró.

En el hueco de esa crisis de representación, los outsiders del presente –el pastor Dante Gebel, el empresario periodístico Daniel Hadad y el banquero Jorge Brito– apuestan a un emprolijamiento del modelo y a una sensibilidad que, si bien no abjura del mismo ni mucho menos, pretende adosarle, al menos en el discurso, cierta moderación discursiva y alguna sensibilidad hacia los sectores sociales y productivos devastados por la mileinomía.

«En 2023 habría votado a Milei, pero hoy no lo votaría (…). El que tiene que llenar la heladera todos los días no te puede esperar», declaró Gebel en abril, durante su primer raid mediático, antes de una pausa que, se señala, acabaría antes de fin de año con actos multitudinarios en un estadio de fútbol.

«Un 70% no quiere volver a lo que estaba antes de 2023, pero también quiere un montón de cosas: que le reconozcan que la motosierra no sólo pasó por el Estado, sino [también] por muchas familias», postuló Hadad.

«Vamos a llegar a un país en el cual les vaya bien a todos, que creo que es que queremos. No uno en el que les va bien a algunos y no a otros», indicó la semana pasada Brito en la summit de AmCham Energía.

¿Habrá lugar para alguno de ellos?

La geografía no es el problema

¿Cómo harían esos referentes si no para enamorar, al menos para captar adhesiones suficientes?

Cuando se habla de un pastor, resulta útil recordar que, según el trabajo de Pulsar.UBA, apenas el 16% de los argentinos participó alguna vez en una organización religiosa. De ese total modesto, las sensibilidades afines a Gebel son apenas una fracción.

En tanto, cuando se trata de un empresario notable de la «casta periodística», vale recordar que, de acuerdo con el capítulo argentino del Digital News Report 2026 elaborado por Eugenia Mitchelstein y Pablo Boczkowski, del Centro de Estudios sobre Medios y Sociedad en Argentina (MESO), para la agencia Reuters, «sólo el 43% de los encuestados afirma estar muy o extremadamente interesado» por las noticias que se publican, «mientras que la confianza alcanza mínimos históricos con apenas el 26%».

Hadad tiene notoriedad –aunque tal vez no un conocimiento masivo–, recursos, respaldos internacionales, capacidad de construir agenda y vínculo fluido con el poder real, pero el nivel de legitimidad social de la institución periodística no es necesariamente un activo.

Finalmente, cuando se trata de un banquero, cabe pensar que tendría mucho para explicar sobre el comportamiento de un sector –y de su propia entidad– en el contexto de la actual crisis de endeudamiento de familias sometidas por prácticas más asimilables a la usura que al crédito.

De nuevo: ¿habrá espacio el año que viene para otro outsider? Vale recordar, en ese sentido, que Milei representó eso mismo en 2023, aunque con una peculiaridad: en tal condición, el actual presidente no se paró en ningún centro, sino en la más extrema derecha, en la rabia y hasta en una cierta pulsión social tanática que alentaba a romperlo todo. En un inédito anarcocapitalismo.

El centro, definido simplemente como rechazo a lo existente en los costados, puede existir sin que exista demanda de una opción programáticamente moderada.

Si la polarización agónica puede ser un veneno para la democracia representativa, ese centrismo que, más que tal cosa, es un no lugar y una forma radical de desapego constituye uno potencialnmente más virulento.

El problema, entonces, no es la geografía, sino la diseminación de la indiferencia. Cuando eso pasa, cualquier aventura es posible.

Imagen: letrap

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