Un equipamiento degradado y bajos presupuestos jaquean a las FF.AA.

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03/04/2022 La Nación – Nota – Política – Pag. 22

Mariano de Vedia

Tras la guerra, hubo un declive en las Fuerzas Armadas; la inversión militar no supera el 0,7% del PBI, bastante lejos de Brasil (1,4%) y de Chile (1,8%).

Bajos presupuestos, un equipamiento insuficiente, poca inversión en materiales de alto costo, en armamento y en municiones marcan una degradación en las Fuerzas Armadas, cuarenta años después de su última operación militar de envergadura, que fue la Guerra de las Malvinas. A eso se suman instalaciones deficientes y una política salarial retrasada, especialmente frente a las remuneraciones en las fuerzas de seguridad.

La Argentina invierte hoy en defensa el 0,7% del PBI, por debajo de varios países de la región, como Brasil (1,4%) y Chile (1,8%). Y muy por detrás de Israel (5,6%), Rusia (4,2%), Estados Unidos (3,7%) y el Reino Unido (2,2%).

«Es necesario integrarnos en la región, inicialmente con Brasil y Chile. Pero para integrarnos debemos tener una relativa equiparación, para poder aportar de acuerdo con nuestro potencial. Si no, es como ir juntos a un asado: ellos pondrán la carne, el vino y el fuego, y nosotros apenas podremos llevar el pan», graficó una fuente militar de alto rango a la nacion.
En las Fuerzas Armadas hay consenso en que la degradación es hija de los bajos presupuestos y se refleja en la falta de buques y aeronaves, sistemas de armas, equipos de campaña y otros materiales.

Desde la Guerra de las Malvinas para acá, una imagen estática grafica el estado de las Fuerzas Armadas, a pesar de la creación del Fondo Nacional de la Defensa (Fondef), cuyo objetivo es disponer de una política de Estado para mejorar el equipamiento militar.

Los blindados (tanques, vehículos de combate de infantería y otros) tienen más de 30 años de antigüedad. «El material más viejo requiere más recursos para su mantenimiento», es una sentencia que se dicta en los cuarteles.

El Ejército cuenta con unas 230 unidades del Tanque Argentino Mediano (TAM), que orillan los 40 años. Dentro de la misma familia de vehículos, también utiliza los vehículos de combate de transporte de personal (VCTP), construidos en el país con licencia de Alemania. La fábrica que construía los TAM en Boulogne fue desguazada durante el gobierno de Carlos Menem. «En el Ejército no hay blindados a rueda, como los tiene cualquier fuerza militar del mundo.

Limitaciones Más del 70% de los vehículos de guarnición y campaña (camiones, jeeps, camionetas) tienen más de 30 años y ya son obsoletos.

Los parámetros internacionales indican que se debe renovar en diez años la totalidad del parque vehicular de las unidades militares.

El Ejército argentino tiene cerca de 6000 rodados de guarnición y campaña, por lo que deberían ingresar unos 600 vehículos nuevos por año. Pero las últimas incorporaciones fueron a un ritmo anual de 60 / 80 unidades.

Los camiones medianos más valiosos son los Unimog. La mayoría llegaron hace 46 años y algunos han sido recuperados. En el Ejército hay conciencia, sin embargo, de que muchos vehículos no pasarían una verificación técnica convencional. Varias unidades se exponen a problemas de freno, roturas de dirección y otros riesgos.

En cuanto a materiales pesados, en las unidades militares se cree que la artillería también requiere de una renovación. Pero el talón de Aquiles son las municiones. «La munición es cara y hay que adiestrar a la gente en la práctica de tiro.
Los bajos presupuestos llevaron a que no haya suficiente cantidad de municiones para que el personal se entrenara y también para formar una reserva operacional», reconocen en las Fuerzas Armadas.

Las capacidades más afectadas después de Malvinas fueron las de defensa aérea y antitanques, que hoy no permiten batir blancos a mediano y largo alcance. Las unidades militares locales no poseen, los misiles que se ven en Ucrania, como los Javelin, que son portátiles y tienen una notable precisión a mediana y larga distancia.

En medio de las restricciones presupuestarias, en los últimos años se privilegiaron inversiones que llegaran a la mayor cantidad de efectivos. «Por ejemplo, en lugar de comprar un tanque, se optó por invertir ese dinero en armamento liviano, uniformes y cascos», reveló un jefe militar.

La Armada y la Fuerza Aérea presentan mayores problemas, porque sus necesidades requieren de inversiones mayores. «Si la Fuerza Aérea no incorpora aviones cazainterceptores, de transporte o con sistema de alerta y control aéreo, no puede suplirlos con otra cosa», explicaron en el Ejército.

Lo mismo ocurre con los submarinos de la Armada, que con la tragedia del ARA San Juan se quedó sin esas unidades. El ministro Jorge Taiana señaló hace dos semanas la necesidad de recuperar «la capacidad submarina» del país, lo que reflotó la idea de evaluar la posible adquisición de un sumergible.

En las Fuerzas Armadas consideran conveniente no retrasar la modernización de las corbetas y los destructores clase MEKO. El Gobierno incorporó cuatro patrulleros oceánicos franceses, para el control de la plataforma marítima.
Pero no tienen capacidad para portar un sistema de armas, dado que no son unidades de combate. El Ejército consideran urgente renovar sus helicópteros.

En 1982, la Fuerza Aérea estaba bien equipada. Tenía aviones cazabombarderos Canberra e interceptores, como los Mirage, así como la Armada disponía de los SuperÉtendard.

Hoy el embargo del Reino Unido después de la guerra condiciona las posibles compras de aeronaves y armamento militar de la Argentina.

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