Fadea, ¿una Fate estatal?

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16/03/2026 La Voz del Interior (Córdoba) – Nota – Economía – Pag. 5

ANÁLISIS

Por Federico Giammaría

Cuando en febrero, Javier Madanes Quintanilla anunció el cierre de la histórica planta de Fate en San Fernando, asistimos a un episodio que excede el destino de su empresa. No era solo una fábrica de neumáticos. Era un símbolo de un modelo industrial que se agotaba. La pregunta es si algo parecido podría suceder con Fadea.

Las escalas son distintas, los rubros también y Fadea es estatal. Pero el dilema de fondo es similar.
Fate era un actor clave en la cadena automotriz, con 920 trabajadores, décadas de historia y un lugar central en la estructura productiva, su crisis dejó expuesto algo más profundo: la fragilidad de la industria local frente a un nuevo clima económico y político que ya no la considera estratégica.

Fadea encarna ese mismo problema, pero elevado a otro plano. No se trata de una fábrica cualquiera. Es una pieza del complejo tecnológico argentino donde, en sus hangares, se diseñaron y produjeron aeronaves militares, sistemas de mantenimiento para flotas aéreas y programas de desarrollo que conectan al país con una industria global sofisticada. Su producto emblemático, el avión de entrenamiento IA-63 Pampa, es una rareza en América Latina, con tecnología diseñada y producida localmente.

Por eso la discusión sobre Fadea no puede reducirse a la contabilidad. El problema es conceptual.
Para el presidente Javier Milei, el Estado empresario es una anomalía. En su lógica, las empresas públicas distorsionan los incentivos, destruyen eficiencia y terminan subsidiadas por los contribuyentes. El diagnóstico es conocido y coherente con su ideología, pero aplicado de manera mecánica puede generar una paradoja.

Porque hay industrias que el mercado, simplemente, no crea. La aeronáutica es una. Es intensiva en capital, requiere décadas de acumulación tecnológica y depende de políticas estatales en todo el mundo. Estados Unidos, Francia o Brasil desarrollaron con fuerte apoyo público. Incluso empresas consideradas «privadas», como Embraer, nacieron bajo el paraguas del Estado.

Cerrar Fadea no sería solo clausurar una empresa con problemas de gestión. Sería renunciar a una capacidad tecnológica que tardó generaciones en construirse.

El debate, entonces, no es si Fadea funciona bien o mal (debate válido y necesario). Los sindicatos denuncian parálisis operativa, contratos demorados y decisiones administrativas erráticas, mientras las autoridades hablan de reordenamiento y proyectos varios. Probablemente haya responsabilidad en ambas direcciones.

Pero incluso si Fadea estuviera mal administrada (algo que ha ocurrido varias veces en su historia, especialmente en el kirchnerismo, hasta con causas penales activas, que hoy tiene preguntas sin responder) la respuesta no parece ser su desaparición.

Durante décadas, Argentina sostuvo la noción de que ciertas áreas (energía, defensa, tecnología) debían tener un núcleo productivo propio. No por nostalgia estatista, sino por soberanía económica y estratégica.

El nuevo paradigma mileísta cuestiona esa premisa ya que en su visión el país debería integrarse al mundo desde sus ventajas comparativas naturales y abandonar proyectos industriales no competitivos.

El problema es que la aeronáutica no responde a esa lógica. No es una industria que nace espontáneamente del mercado. Se trata, y esto parece no entenderlo Milei, de una decisión política.

La analogía con Fate puede ser inquietante y quizá exagerada. Tal vez. Como sea, cuando cerró la fábrica de gomas, muchos interpretaron que era la consecuencia inevitable de un sector que había perdido competitividad. Si Fadea cierra, no sería solo el final de una empresa en crisis. Sería el final de una idea de política industrial nacional.

Imagen: archivo
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