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La compañía volará con aeronaves Bombardier CRJ-200 de 50 plazas. El proyecto busca cubrir la demanda insatisfecha en provincias y sectores industriales vinculados a la minería y el petróleo.
Edgardo Gimenez Mazó
Como si no bastaran sorpresas, el escenario aerocomercial argentino sumó en las últimas semanas un nuevo actor con la aparición de Joy Airline. La empresa, operada bajo la sociedad BAIA (relacionada con la que obtuvo rutas en 2018), asegura que busca ocupar un espacio que las aerolíneas de bajo costo actuales no cubren: la interconectividad entre ciudades secundarias sin pasar por los grandes hubs (que en Argentina se reduce a Ezeiza, Aeroparque y, forzando el concepto, Córdoba). Con una inversión inicial de 20 millones de dólares, la firma proyectó el inicio de sus operaciones para la primera quincena de junio de 2026.
Joy apuesta por el Bombardier CRJ-200. Estas aeronaves cuentan con 50 plazas y una configuración de cabina de dos filas por lado.
En una entrevista otorgada al programa de TV Reporte Aéreo Mundial, el CEO de la compañía, Horacio Darré, explicó la lógica detrás de esta elección:
«Diseñamos un producto especialmente para ese tipo de conexiones; un producto que va a respetar el tiempo de la gente. Muchos mercados secundarios, por su magnitud, necesitan un avión de menos plazas para tener una doble frecuencia diaria».
Darré destacó en dicho programa que el objetivo es ser una opción «completamente complementaria a lo que ya conocemos», señalando que el auge de las low cost «deja fuera del radar a muchas localidades secundarias» y a la conectividad entre provincias.
El plan de negocios de Joy apunta con fuerza a los sectores minero y petrolero, donde la necesidad de traslados ágiles es crítica, aunque también a otras rutas de menor densidad que están desatendidas. La intención es permitir que un profesional viaje por la mañana y regrese por la tarde, evitando pernoctar en el destino si la tarea no lo requiere, una visión que muchas veces quiso instalarse con pequeñas aerolíneas regionales en Argentina.
Según detalló Darré, la empresa buscó «devolverle el estilo a la aviación» mediante el respeto por el confort y el tiempo del pasajero. Esta visión se complementa con una estrategia tarifaria que pretende ofrecer precios hasta un 50% más bajos que los actuales en el segmento corporativo, especialmente para vuelos comprados con poca anticipación.
El factor Juan Maggio y la herencia de Southern Winds
Un dato que generó conversación en la industria es la participación de Juan José Maggio, ex presidente de la desaparecida Southern Winds. Mientras algunos medios lo identifican como el CEO de la aerolínea, en la entrevista de televisión Darré lo definió como el «plus» de la compañía.
«Juan Maggio es una persona que no solamente es un referente del mercado aerocomercial, sino que tiene un gran respeto en el ámbito internacional», afirmó Darré.
Para los directivos de Joy, la experiencia de Southern Winds sirve como una referencia de modelo regional exitoso en su momento, aunque aclaran que esta nueva etapa se ajusta a las regulaciones actuales y a una coyuntura política que califican como facilitadora para la inversión privada.
Algunos sectores se enfocan en la última etapa de Southern Winds para criticar a los Maggio, obviando que durante la segunda mitad de los años 90, la aerolínea supo innovar, crecer y desarrollarse con aviones Dash 8-100 y CRJ-200 en rutas trasversales que Aerolíneas Argentinas, LAPA y Dinar ignoraban, generando mucho empleo a lo largo y ancho del país.
Ya en el nuevo siglo, los desajustes macroeconómicos recurrentes de Argentina hicieron explotar el “uno a uno”, obligando a Southern Winds a reconfigurar su negocio, devolver todos los Bombardier y pasar a ser “una más del montón” que operaba con aviones Boeing 737-200 desde Aeroparque.
Así también, en 2002 se lanzaron al mercado internacional volando a Miami y a Madrid desde Ezeiza con aviones de Air Atlanta (dado que Argentina había descendido a la Categoría 2 para la FAA de Estados Unidos, no pudiendo volar con aviones matriculados localmente).
En 2003 Southern Winds estaba al borde de la quiebra, y a punto de seguir los pasos de LAPA y Dinar, cuando el flamante gobierno kirchnerista creó SW-Federales, una compañía que utilizaría la flota y el personal de Southern Winds, recibiendo un aporte estatal de alrededor de un millón de dólares al mes bajo el compromiso de no despedir a nadie e ir incorporando a quienes trabajaron en las otras dos aerolíneas.
En 2004 SW logró estabilizar su red en unos quince destinos nacionales y hasta incorporar un Boeing 747-200 para volar a Madrid (mediante el apoyo económico del empresario argentino Martín Varsavsky). Pero la pax duraría poco cuando, a principios de 2005, se conoció que en el aeropuerto de Madrid-Barajas fueron encontradas valijas con cocaína, que llegaron en un vuelo de Southern Winds. En marzo, el gobierno argentino canceló el contrato con la empresa, y el 25 de noviembre la aerolínea dejó de volar para siempre.
Joy, el regreso de los CRJ
De acuerdo a medios locales, Joy Airline estableció acuerdos iniciales para tener a Jujuy y San Luis como puntos neurálgicos de su red. El esquema de vuelos diseñado incluye vuelos que conectarían a Jujuy, San Luis, Villa Mercedes y Merlo con Buenos Aires, a San Luis con Córdoba, Iguazú y Bariloche, y a Jujuy con Córdoba.
El plan de expansión contemplaría la incorporación de dos a tres aviones por año. Tras consolidar la red nacional, la aerolínea evaluaría la posibilidad de sumar rutas internacionales hacia países limítrofes, siempre con el foco puesto en mejorar la conectividad desde el interior del país sin depender exclusivamente de Buenos Aires.
Con la mira puesta en junio, Joy busca diferenciarse mediante la agilidad operativa en aeropuertos, prometiendo procesos de embarque más veloces y una atención personalizada. Como resumió Darré, el norte de la compañía es aprovechar una «transformación positiva» en el mercado que permitió la llegada de nuevos capitales para atender la demanda insatisfecha de las provincias argentinas.
“La coyuntura es propicia porque el gobierno está cumpliendo con su rol de facilitador. O sea, crea las condiciones para que los privados hagamos cosas. En realidad, eso parece bastante sencillo pero nunca sucedió en Argentina”, concluyó Darré al respecto en la entrevista a RAM.
Volviendo a SW, es recordado uno de sus primeros slogans que decía “Ya puede volar como lo harán en el futuro”. Paradojas de la eterna montaña rusa que vivimos en Argentina, acentuada aún más en el segmento aerocomercial, es que hoy, precisamente 30 años después del nacimiento de esa aerolínea, Joy va a seguir un modelo similar.



