Regreso a la Luna para futuros viajes a Marte y un satélite argentino que hace historia

https://latinta.com.ar/13 abril, 2026 por
A más de medio siglo de la llegada a la Luna, Artemis II, la misión de la NASA, marca un nuevo paso en la exploración espacial con un viaje tripulado alrededor del satélite y la mirada puesta en el polo sur lunar como fuente de recursos estratégicos para misiones futuras. En ese marco, el satélite argentino Atenea logró validar tecnología, enviar datos desde el espacio profundo y medir radiación a gran distancia, consolidándose como un hito de la ciencia pública nacional. Sin embargo, este avance convive con un escenario crítico: el presupuesto científico en Argentina se redujo un 20% para 2026 respecto a 2025 y acumula una caída del 40% frente a 2023, un desfinanciamiento que no solo impacta en lo económico, sino que implica pérdida de capacidades, interrupción en la formación de profesionales y un retroceso en la soberanía de generación de datos propios.
Por Alicia Córdoba* para La tinta
Mientras algunos aún dudan si el hombre llegó a la luna después de 57 años, el pasado 1 de abril, el lanzamiento de la misión espacial Artemis II captó toda la atención al enviar a cuatro astronautas en un viaje de diez días alrededor de nuestro satélite, que pudo “amerizar” (descender en el mar) restaurando la calma por los riesgos de este viaje lunar. El proyecto se ve como un paso clave para volver a marcar una pisada humana en la luna y, a largo plazo, apuntar hacia Marte. Junto a la nave de la epopeya, un microsatélite argentino busca completar un programa de investigación de ciencia para el desarrollo.
En medio de un ultimátum del presidente Trump que amenazó con terminar con una generación de humanos, la epopeya espacial busca proyectar una imagen de «liderazgo» global de la NASA (Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio de los Estados Unidos), con el objetivo de llevar a “la primera mujer y el próximo hombre” al polo sur lunar para 2028. Históricamente, la ciencia ha sido utilizada por las potencias como un distractor de crisis internas. En 1962, Kennedy impulsó la carrera espacial para demostrar poderío ideológico en plena guerra de Vietnam, usando el lema «A Man on the Moon» para silenciar críticas sobre la pobreza y las protestas raciales.
Hoy, Artemis II surge en un contexto donde la Casa Blanca ha recortado el presupuesto de la NASA en un 23% para 2027, repitiendo la lógica de grandes anuncios espaciales en medio de ajustes domésticos y distrayendo a la sociedad en medio de conflictos bélicos.
El polo sur lunar: la nueva frontera del agua
El objetivo estratégico actual es el polo sur lunar, una región de alto interés científico debido a la presencia confirmada de agua en forma de hielo en cráteres de sombra permanente. La temperatura en estos sitios puede bajar hasta los -203 °C. Extraer este recurso sería vital para abastecer misiones más lejanas, siendo mucho más barato que transportarlo desde la Tierra.
Sin embargo, la NASA ya no podrá atribuirse la conquista del polo sur en la cara oscura de la luna. Esta carrera se libró en 2023, cuando la sonda rusa Luna-25 y la Chandrayaan-3 de India despegaron con diferencia de días desde la Tierra esta conquista. La sonda rusa, que partió un mes antes, se estrelló en el viaje, mientras distraía a la población soviética de la guerra contra Ucrania; y fue la sonda india la que logró el galardón del alunizaje. En 2024, China también alunizó y cartografió el polo sur con un detalle extraordinario.
La Luna, único satélite de la Tierra, está cubierta de cráteres y rocas, creando la superficie “rugosa”, que vemos a simple vista. Debido a que no hay una atmósfera espesa para distribuir el calor alrededor de su superficie, las temperaturas en la luna varían entre -184 °C durante la noche a 214 °C durante el día, excepto en los polos.
En el polo sur, por la escasa inclinación del eje de la Luna, los cráteres no reciben nunca la luz solar, lo que permite la formación de hielo de agua durante la noche lunar. Extraer el agua lunar sería mucho más simple y barato que transportarla desde la Tierra, si pensamos en abastecimientos para viajes más lejanos o establecer cualquier tipo de presencia lunar permanente.
Atenea: un hito de la ciencia pública argentina
En medio de esta misión internacional, se destacó el microsatélite argentino Atenea, un dispositivo tecnológico parecido a una caja formada por 12 cubos de 10 cm de lado que estuvo 20 horas en el espacio y pudo probar un sistema de comunicaciones tipo GPS que envió señales y datos de telemetría desde 70.000 kilómetros. Este logro desde una distancia muy lejana a la Tierra será utilizado para optimizar maniobras de colocación de satélites hacia la GEO, la órbita geoestacionaria situada a 35.786 km desde el Ecuador, donde un satélite gira a la misma velocidad que la rotación de la Tierra. Además, pudo medir la radiación cósmica a mucha distancia, producida por partículas menores a un átomo, que contienen información valiosa del espacio y ayudan a entender la dinámica de la atmósfera y la actividad solar.
El proyecto Atenea, seleccionado entre unas 60 propuestas de diversos países, fue diseñado y construido íntegramente en Argentina por la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE), el Instituto Argentino de Radioastronomía (IAR CONICET), equipos de científicos de universidades nacionales de La Plata (UNLP), Buenos Aires (UBA), San Martín (UNSAM), la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) y la empresa Veng S. A.
“Mientras duró la misión, el equipo del IAR detectó el satélite en forma casi inmediata gracias a su estación terrena y bajó los datos recabados por los instrumentos”, expresó orgulloso Gustavo Romero, investigador superior del CONICET. La estación terrena que menciona fue otro desarrollo argentino para seguir y detectar a Atenea en su viaje desde 70.000 km hasta la Tierra y que quedará ahora para futuras misiones.
La paradoja del ajuste
A pesar de estos logros, el sector de investigación espacial argentino enfrenta un escenario crítico. En un contexto de ajuste y desacreditación del rol de la ciencia en el desarrollo de nuestro país, el presupuesto para 2026 se redujo un 20% respecto a 2025, acumulando una pérdida del 40% frente a 2023.
Este desfinanciamiento no es solo económico; produce una descapitalización del conocimiento, interrumpe la formación de profesionales y conlleva la pérdida de la soberanía informativa al dejar de generar datos propios.
Resulta irónico que se ajusten los presupuestos de herramientas que ayudan a gestionar crisis reales mientras se invierte en desviar la atención de las mismas. La ciencia nunca es neutral; siempre está atravesada por la agenda política del momento.
El proyecto Atenea representa, en este escenario, un hito de la ciencia pública nacional que nos sitúa ante una pregunta incómoda, pero necesaria: ¿es la ciencia pública un lujo o una necesidad básica para un país que busca desarrollo real?
Mientras las potencias utilizan la épica espacial para cubrir las grietas de sus crisis internas, proyectos como Atenea demuestran que la ciencia nacional no busca «escapar» de la realidad, sino brindar las herramientas técnicas —datos, soberanía y conocimiento— para entenderla y transformarla. Porque al final de cada misión, detrás de las naves, los cohetes y los satélites, detrás… detrás, está la gente.
*Por Alicia Córdoba* para La tinta / Imagen de portada: NASA.
**Bióloga y comunicadora de la ciencia, UNC.



