A veinte años de la tragedia de LAPA

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Dos condenas leves y seis absoluciones por 65 muertes
El juicio estuvo a cargo del Tribunal Oral Federal 4. Empezó en 2008, pasaron 1200 testigos y el proceso duró 23 meses.
El 31 de agosto de 1999, cerca de las nueve de la noche, Oscar Ramonino conducía su Chrysler Neón blanco por la avenida costanera Rafael Obligado, la que bordea el Aeroparque Metropolitano Jorge Newbery. Iba para su casa en Ramos Mejía, donde lo esperaban para cenar sus hijos y su mujer. Su hija Ivanna y su esposa Rita tomaron conocimiento de su muerte, en vivo y en directo, por la televisión. Ellas no podían entender lo que había pasado, pero mucho menos Oscar, en sus últimos segundos de vida: un avión de la empresa LAPA, el vuelo 3142, que nunca levantó vuelo, partió en dos al auto. Oscar fue el primero de los 65 muertos, la mayoría incinerados. Una tragedia que dejó también 40 heridos graves y que sigue siendo tan inexplicable como que un avión atropelle a un automóvil.

En el juicio oral, que duró dos años, sólo hubo dos condenas leves y fueron absueltos los principales responsables de la empresa y de la Fuerza Aérea. El Boeing 737 debía llegar a Córdoba en una hora, pero nunca partió. El accidente de LAPA es considerado el más grave de la historia de la aviación comercial en Argentina. “Lo de LAPA no fue un accidente, fue la consecuencia directa de un desmanejo brutal de la empresa, un mantenimiento que era una estafa”, ha repetido una y otra vez, a lo largo de estos 20 años, el ex piloto y cineasta Enrique Piñeyro.

En su carrera mortal, el avión de LAPA rompió las vallas del perímetro del aeroparque metropolitano, cruzó la avenida costanera, chocó contra máquinas viales y un terraplén cercano al campo de golf que está enfrente de la estación aérea y se incendió.

En el juicio se dijo que los pilotos ignoraron una alarma que alertaba problemas para el despegue que no fue. Piñeyro sostuvo que “los pilotos ignoraron la alarma porque las alarmas sonaban todo el tiempo. Eran falsa alarma y por eso (los directivos) te pedían que no les des bola”.

El juicio estuvo a cargo del Tribunal Oral Federal 4. Empezó en 2008, pasaron 1200 testigos y el proceso duró 23 meses. Fueron ocho los acusados: Andrés Deutsch, presidente de LAPA; su segundo, Ronaldo Patricio Boyd; los gerentes de operaciones Fabián Chionetti y Valerio Diehl; el jefe de mantenimiento de B737, Gabriel María Borsani, y la gerente de Recursos Humanos Nora Arzeno. También fueron imputados dos jefes de la Fuerza Aérea, Diego Lentino y Damián Peterson.

En febrero de 2010 se dictaron dos condenas por “estrago culposo”, contra Diehl y Borsani. La sentencia fue apelada por los fiscales y la querella de los familiares de las víctimas, pero en 2014 la Sala IV de la Cámara Nacional de Casación Penal confirmó lo dispuesto en un fallo dividido y sobreseyó por prescripción de la acción penal a Peterson y Lentino. Meses más tarde, la Corte Suprema de Justicia dictaminó que la causa había prescripto.

En el juicio oral, realizado en los Tribunales de Comodoro Py, cuando se anunció la sexta absolución consecutiva, que era la de Guillermo Deutsch, el dueño de LAPA, los familiares de las víctimas, estallaron: “No, hijos de puta”, se escuchó nítida la reprobación del fallo. A partir de ese momento y por cuarenta minutos, todos cargaron contra los miembros del Tribunal Oral 4, cuyos integrantes se retiraron acompañados por un coro de insultos, llantos y golpes contra el vidrio que separaba el lugar que ocupan imputados, abogados y jueces, del que llenaban sobrevivientes, familiares y periodistas. La policía, ante las primeras expresiones, recibió la orden de desalojar la sala. Los familiares lucían remeras que decían: “Cárcel por las 65 condenas a muerte”.

Mateo García, hermano de Antonio García, una de las víctimas, habló en representación del sentir que se mantiene firme, veinte años después: “Son unos caraduras, unos malditos. Este fallo es una vergüenza. Estos jueces están amparando a estos señores multimillonarios”. LAPA había nacido en 1977, en plena dictadura militar, con el aval expreso de las autoridades aeronáuticas.

Página12

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