
Por Fabián Montaño – secretario General de APOPS (ANSES).
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La Cámara de Diputados ya dio media sanción al fondo de cese laboral y el proyecto volvió al Senado. Este dato marca mucho más que un paso legislativo. Confirma el avance del núcleo central de la reforma laboral. Porque el fondo de cese no es un aspecto más: es la pieza clave sobre la que se estructura un cambio profundo en el sistema de seguridad social argentino.
Este esquema reemplaza la indemnización tradicional por cuentas individuales financiadas con contribuciones obligatorias durante la relación laboral. Ese dinero no es neutro. Son recursos que hoy integran el Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA) y sostienen el pago de jubilaciones a millones de argentinos.
Cada peso que se desvía hacia ese fondo es un peso que deja de ingresar a la ANSES
En un sistema de reparto, esto tiene una consecuencia directa. La ANSES paga jubilaciones con lo que recauda mes a mes. Cuando ese flujo se reduce, el sistema pierde capacidad de financiamiento real. No hay reservas infinitas que compensen esa pérdida. No hay equilibrio posible si se fragmenta el ingreso que sostiene al sistema.
Por eso este cambio no es técnico. Es estructural
El fondo de cese laboral es, además, el núcleo conceptual de la reforma. No aparece aislado. Forma parte de una orientación promovida desde hace años por organismos financieros internacionales, particularmente el Fondo Monetario Internacional, que han planteado de manera explícita la necesidad de reducir el peso del sistema previsional público y avanzar hacia esquemas de capitalización individual.
Este proyecto avanza en esa dirección
Crea cuentas individuales administradas por entidades financieras privadas y desvía recursos que hoy sostienen el sistema solidario. El Estado deja de ser el garante directo de esos fondos y pasa a cumplir un rol limitado de derivación operativa. Es decir, recursos de la seguridad social dejan de fortalecer el sistema público y pasan a integrarse al circuito financiero.
Es un cambio de paradigma
Donde antes había un sistema basado en la solidaridad intergeneracional, comienza a instalarse una lógica de fragmentación. Donde antes los aportes sostenían jubilaciones, ahora pasan a alimentar fondos administrados con criterios financieros. Donde antes el sistema previsional era una garantía colectiva, comienza a convertirse en un esquema condicionado por la lógica del mercado.
Esto no es una consecuencia secundaria. Es la base del modelo
Los sistemas previsionales no se destruyen de un día para el otro. Se debilitan cuando se les quitan recursos. Se debilitan cuando se fragmenta su financiamiento. Se debilitan cuando se reemplaza la lógica solidaria por la lógica financiera.
Eso es lo que está en discusión hoy en la Argentina
La ANSES no es una caja. Es el sistema que garantiza que millones de argentinos tengan una jubilación. Es el resultado de décadas de construcción colectiva y de una decisión histórica de organizar la seguridad social como un derecho y no como un negocio.
Debilitar su financiamiento es debilitar esa garantía
El poder político está, una vez más en nuestra historia, frente a una decisión que puede marcar un punto de quiebre. Porque cuando se debilita el financiamiento del sistema previsional público, no se está tomando una medida aislada: se está sentando la condición material para su futura privatización.
La Argentina ya conoce ese camino. Sabe cuáles fueron sus consecuencias. Sabe quiénes se beneficiaron y quiénes pagaron el costo.
Pero también sabe algo más: que cada vez que se intentó avanzar contra el sistema previsional público, el pueblo trabajador tomó nota.
Y esta vez no será diferente
Los trabajadores y trabajadoras de la ANSES, junto al movimiento obrero, vamos a defender el sistema previsional público con toda la fuerza que nos da la historia, la legitimidad y la responsabilidad que tenemos.
Porque no se trata de una ley. Se trata del futuro. Y los pueblos siempre recuerdan quiénes los defendieron y quiénes los abandonaron.



