Más rápido y furioso: Javier Milei acelera la aspiradora, la motosierra y la licuadora

letrap.com.ar/
SE FUERZAN LAS MÁQUINAS DEL MODELO
El Gobierno redobla la apuesta por las políticas de contracción monetaria, ajuste y aplastamiento de ingresos. Inflador, insultos, hipoteca y un pleno al azar.
El empinamiento del riesgo país en apenas un mes y la aceleración de la cobertura en dólares de los inversores actúan sobre Javier Milei y Toto Caputo como alertas tempranas de lo que no pueden permitirse en el 2027 electoral: que el mercado financiero redoble los indicios de desconfianza en el modelo y en el plan de reelección del Presidente.
Si la cautela siempre es buena, en este caso viene con un asterisco grueso: el reflejo del Gobierno pasa por redoblar la apuesta con políticas que, justamente, lo metieron en este atolladero.
Más rápido por un camino sin retorno
Las señales no han sido buenas en el último tiempo, ni siquiera en los términos que se ha fijado la propia administración de extrema derecha.
El superávit fiscal, la base del plan, mostró todos sus hilos tras el señalamiento del propio Fondo Monetario Internacional (FMI) sobre la vigencia de una contabilidad creativa en torno a los intereses que capitalizan los bonos «cupón cero», la que computa como superávit lo que en verdad es un déficit.
A eso se sumaron denuncias –comprobadas– sobre la apropiación ilegal por parte del Tesoro de fondos de asignación específica en materia de infraestructura vial e hídrica que no se ejecutan y que se sustraen a las provincias, cuenta que, solamente entre 2024 y 2025, ascendió a 3000 millones de dólares, según informó Hugo Alconada Mon en La Nación.
Para peor, el objetivo que busca el Gobierno mediante la receta del ajuste perpetuo y el apretón monetario, la desinflación, no avanza en lo más mínimo desde hace un año largo.

La desconfianza del mercado, que probablemente vaya más al hueso que a la mera duda sobre la viabilidad del plan Milei 2027, se expresó en una dolarización de carteras que se aceleró llamativamente respecto de los tiempos electorales habituales y en un riesgo país que trepó bastante más de cien puntos básicos en apenas un mes. Esto aleja, probablemente de modo definitivo, la esperanza oficial –y la exigencia del Fondo– de refinanciar parte de los abultados vencimientos del año próximo en el mercado voluntario.

Fuente: Ámbito Financiero.
Haciendo un cover de una recordada frase de Mauricio Macri, ante ese cúmulo de adversidades, Milei decidió ir en la misma dirección, pero más rápido.
Marche una hipoteca
En el discurso que brindó este jueves en la reunión anual del Consejo de las Américas y la Cámara Argentina de Comercio, el Presidente volvió a ponerse agresivo. Embistió de nuevo contra empresarios críticos y acusó a los economistas del establishment que le notan lo que no quiere ver de «tener las herramientas oxidadas».
En tanto, incapaz de aceptar sus pifias seriales en materia de precios, volvió a mezclar el índice mayorista con el minorista y aseguró estar trabajando en la organización de un recital para celebrar la inflación cero. La música puede esperar.
Esas son definiciones políticas, vinculadas a la necesidad de darle bomba al inflador anímico en momentos en que las encuestas muestran que el camino a la reelección tiene más ripio que el esperado tras el éxito en las legislativas.
El extremista de derecha sabe que, más allá de liquidar la inflación, algo que podrá lograr desmonetizando todavía más severamente la economía, la lógica electoral le demandará crecimiento de la actividad interna y de los ingresos populares. Por eso, en el mismo discurso, sostuvo: «Mi mandato es bajar la inflación y hacer crecer la economía y lo voy a cumplir».
Su problema es que, si el primer objetivo por ahora luce incierto, la estrategia del «igual, pero más rápido» le hipoteca la segunda meta.
¿Pensará el mandatario lo que dice? En el mismo discurso se creyó la inverosímil estadística de que los ingresos del sector informal vuelan, señaló que los privados formales están estables y festejó que los del sector público hayan caído –según los datos, alrededor de 35% en su gestión–.
«¿Alguno de ustedes está en contra de que caigan los salarios del sector público? ¡Vamos, si son menos impuestos! ¡Ey, menos hipocresía, vamos!», arengó, en una definición memorable, a la platea de empresarios. ¿Será así el «crecimiento sin dinero»?
¿Será, siguiendo la lógica de Milei, que empresas chicas cerradas y menos empleo en el sector privado significarán, cuando esta etapa pase, menos competencia y costos salariales más bajos para los sobrevivientes?
La aspiradora de Santiago Bausili
En la concepción que esgrime el Gobierno, apretón de los agregados monetarios e inflación son una y la misma cosa. Así, no sorprende que Santiago Bausili haya afirmado que el Banco Central mantendrá «un sesgo contractivo» en su política monetaria, a despecho de las evidencias teóricas y concretas de la aguda falta de dinero que se siente en la calle.
En ese sentido, añadió que no habrá expansión del circulante «hasta que la inflación converja con los niveles internacionales», cosa que muy improbablemente pueda ocurrir antes de las elecciones.
De hecho, según el economista Hernán Letcher, «para contener al dólar, el Gobierno decidió en las ultimas semanas desacelerar las compras del Banco Central, mantener un ritmo de venta de títulos dólar linked cercana a los 50 millones de dólares diarios y llevar el pulmón de liquidez del sistema a mínimos desde febrero».
«Todo esto apunta en la misma dirección: el Gobierno vuelve a elegir la suba de las tasas de interés para contener al dólar», cerró.
Otra vuelta de motosierra… y de licuadora
El apretón monetario va de la mano del fiscal.
Ajeno otra vez al estancamiento bravo de la actividad doméstica –la no exportadora del campo, Vaca Muerta y la minería–, Toto Caputo aplicó otra pasada de motosierra sobre la carne viva de la economía.
Preso de la trampa de austeridad que se construyó a sí mismo a puro ajuste, la caída persistente de la recaudación impositiva lo llevó a aplicar superrecortes del gasto el mes pasado para asegurar el mantenimiento del excedente fiscal, por dibujado que esté.
«Los ingresos totales cayeron 2,5% real interanual por duodécimo mes consecutivo, producto del deterioro en los recursos tributarios (-3,1% real i.a.)», dijo la consultora Equilibra.

«El superávit de julio se alcanzó gracias a un fuerte recorte del gasto primario (-7% real i.a.), el mayor desde febrero, acumulando una baja de 2,8% en lo que va del año. El ajuste se concentró principalmente en prestaciones sociales, subsidios económicos y transferencias corrientes a provincias (-8,1%, -18,5% y 38,6% real i.a., respectivamente). Dentro de las prestaciones sociales, las jubilaciones y pensiones contributivas retrocedieron 4,8% real i.a.», añadió. Al revés de lo prometido, la licuadora tampoco se detiene.
En tanto, Nadin Argañaraz, presidente del Instituto Argentino de Análisis Fiscal (IARAF), indicó en ese contexto que «el gasto en intereses de deuda, excluyendo el pago de los capitalizados registrados por debajo de la línea, subió 5,8% en términos reales interanuales». Maldito riesgo país…

Eso de los «intereses capitalizados registrados por debajo de la línea» es el dibujo contable que, de acuerdo con un cobarde pie de página incluido en el último reporte del staff del FMI, permite el prodigio de pintar de verde lo que en verdad es rojo.

Un pleno al azar
Por ese camino arriesgado, es poco lo que puede esperarse en materia de reactivación, la «palabra prohibida» que, como notó Carlos Pagni, Caputo usó sin querer queriendo. Porque no se reactiva lo que no está desactivado, ¿no?
Según recogió Clarín en base al último informe de la Secretaría de Trabajo, «sindicatos con alto nivel de representatividad como comercio, metalúrgicos, alimentación o textiles, todos sectores ligado al mercado interno (…) llegaron a perder más de 10 puntos de poder de compra» en el último año.
En tanto, el economista Amílcar Collante rastreó la existencia de tasas crediticias usurarias hasta abril de 2024, en los albores de la era paleolibertaria de la desregulación y el mercado libérrimo. ¿Qué se debe esperar ahora con la renovada apelación al poder disciplinador de la tasa?

Esto último, desde ya, no es en absoluto ajeno al drama de la morosidad que complica a las propias entidades financieras y que atormenta a 5,8 millones de argentinos.
«Mi mandato es bajar la inflación y hacer crecer la economía y lo voy a cumplir», Milei volvió a desafiar a su destino.
En buena medida porque no puede prescindir de ese mercado loco que deplora los resultados de las recetas que él mismo exige y otro tanto por vocación propia, el Presidente apuesta otro pleno a su dogma y, en el fondo, a la buena suerte.
Y con las elecciones tan cerca…


