
El informe de la Jefatura de Gabinete revela equipos con 30 años de antigüedad y deficiencias estructurales que obligan a inversiones urgentes para operar los F-16.
El Informe N° 145 de la Jefatura de Gabinete de Ministros aporta definiciones mucho más concretas sobre uno de los puntos más sensibles del programa F-16: el estado real de la infraestructura donde deberán operar los F-16 Fighting Falcon y el volumen de obras necesarias para hacerlo viable.
Lejos de limitarse a enumerar mejoras, el documento incluye un diagnóstico que reconoce limitaciones estructurales en la VI Brigada Aérea de Tandil, base que será el asiento principal del sistema.
Según el informe, uno de los problemas más críticos es la antigüedad del equipamiento de apoyo en tierra. En ese sentido, se admite que el Ground Support Equipment (GSE) presenta un promedio de 30 años de uso, una condición que introduce riesgos directos para la operación de una aeronave de cuarta generación. En la misma línea, se señala la necesidad de modernizar los sistemas de apoyo al vuelo, que “no cumplen con los estándares mínimos de seguridad operativa requeridos”, lo que obliga a encarar inversiones urgentes antes de la plena entrada en servicio del sistema.
El documento también confirma la ejecución de un plan integral de infraestructura que abarca tanto Tandil como el Área Material Río Cuarto, donde se concentrará el mantenimiento mayor. En el caso de la VI Brigada Aérea, las obras incluyen la readecuación de pistas y superficies aeroportuarias, un aspecto especialmente relevante considerando que el F-16 es una plataforma sensible a la ingesta de objetos extraños (FOD) debido a la ubicación de su toma de aire.
A esto se suma la necesidad de modernizar y ampliar las plataformas de operación, hangares y talleres, así como adecuar los depósitos de material aeronáutico y polvorines. Sobre este punto, el informe es claro al señalar que las instalaciones actuales deben ser adaptadas para cumplir con los requisitos de seguridad que exige el armamento moderno que integrará el sistema.
En paralelo, el Área Material Río Cuarto será objeto de adecuaciones orientadas a sostener el mantenimiento profundo de la flota. El documento menciona la transferencia de herramientas y equipos de diagnóstico incluidos en el contrato, junto con la capacitación del personal técnico para realizar inspecciones mayores en el país, un elemento clave para evitar dependencia externa en etapas críticas del ciclo de vida del sistema.
Más allá del detalle técnico, el informe introduce una definición relevante al vincular directamente la infraestructura con la operatividad del sistema. En ese sentido, se afirma que “la operatividad del sistema no puede estar disociada de la seguridad de sus bases”, lo que explica tanto el alcance de las obras como su articulación con medidas de protección adicionales, incluyendo la necesidad de fortalecer capacidades de contrainteligencia en las unidades de la Fuerza Aérea.



